Como todavía me cuesta hilbanar frases y hacer algo decente, al pensar en tí, he decidido, recordarte dándote las gracias por muchas de las cosas que tengo en este corazón, compungido.
Pero además y, por si acaso, Gracias, papá..
Por ese cd de Feiruz que te grabamos y te dimos como sorpresa un domingo de Ramadán, mientras cocinabas, en tu pequeño feudo, una cocina americana llena de trastos y de especias.
Por tantos ratos, de tantos días, de tantos años. Porque nunca te cansaste de mis preguntas, y al contrario, me decías con esa sonrisa tan bonita, sólamente tuya -¿Bruja, qué? ¿Te estás quedando sin cuerda? Vaya periodista...
Por jugar con nosotras, de pequeñas. Cuando nadie quería hacerlo. Por hacernos reir. Por despertarnos cuando venías de viaje, y decir -No me aguantaba, quería veros!
Por explicarme todo lo que se de conflictos armados mundiales. Y de los no armados. Y aunque me hiciera un lio y se me hayan olvidado algunos, por habérmelo enseñado.
Por dejarme labrarme un futuro eligiendo una carrera que ''nunca te parecía suficiente para tu niña.'' Por no frenarme y decirme que con esas notas podía haber hecho mucho más.
Por dejarme elegir un libro entre tus libros, pero echarme la bronca cuando escogía alguno de Lucía Exebarría. -¡Es una atea feminista, lee algo maś original!
Por enseñarme a querer, con el corazón y el alma a las dos personas a las que hoy más quiero en el mundo. Yo sé que tú también las quieres igual.
Por inculcarme casi todas las cosas buenas que tengo.
Porque aunque no corrigieses tus defectos, a tiempo, siempre los reconociste.
Por enseñarme todo lo que no he aprendido en los libros o en las aulas.
Por no dejar de recordarme todo lo que mamá merece.
Por pedirle perdón. Por haberle hecho sentir la mujer tan importante que es, aunque fuese demasiado tarde.
Por no dejar de recordarme todo lo que mamá merece.
Por pedirle perdón. Por haberle hecho sentir la mujer tan importante que es, aunque fuese demasiado tarde.
Por enseñarme que hay que vivir no por causas, pero sí con ellas.
Por parar delante de aquel bar de camino al colegio, y comprar ese bocadillo de calamares para el drogadicto de la esquina.Por explicarme por qué era mejor eso, a darle los veinte duros. Pero sobre todo, por vacilar, por girarte, y finalmente darle también la moneda, a pesar del bocadillo. Nunca olvidaré ese tipo de gestos que sólo tú tenías.
Mujer superviviente de cáncer de mama y su hijo.
Por el amor con el que mirabas a los niños. Por decirnos que compráramos gominolas, para así tener siempre a mano, por si Claudia o Josete, los hijos de tus vecinos, nos veían algun día de paseo. -Tenemos que llevar siempre algo encima para los niños! Lo decías tan convencido que desde entonces siempre te hice caso.
Por los paseos en el parque al lado de tu casa, por dejarme rebatirte temas que para tí eran concluyentes, y aplastantes, porque eran argumentos extraídos de la causa que movió siempre tu vida, al menos en los últimos años, la Fé.
Por ser tan creyente, ya que esa fuerza te hizo luchar hasta el final.
Por ser tan creyente, ya que esa fuerza te hizo luchar hasta el final.
Por decirme que fuéramos en autobús, los días en los que te empezaban a fallar un poco las piernas, porque así paseabas y te daba un poco el aire. Por nunca quejarte de nada, en seis meses tediosos de infierno de cáncer.
Por decirme, -Fati, ¿andamos?. cuando tu casa ya no era tu casa, y estabas asumiendo que ahora era el hormigón del hospital. Por nunca desfallecer, por enseñarnos tu lucha diaria y tus ganas de vivir.
Por no contarnos que te morías de miedo.
Por decirme, cada noche, de cada domingo - ¿Me cuentas qué has escrito hoy, bruja?
Por dejarme explicarte lo que eran Facebook y Twitter.
Por decirme, cada noche, de cada domingo - ¿Me cuentas qué has escrito hoy, bruja?
Por dejarme explicarte lo que eran Facebook y Twitter.
Por pedirme que te abrazara fuerte.
Por haber sido siempre cariñoso y por demostrarme que me querías con mil gestos.
Porque nunca he visto a nadie tan querido y admirado por todos.
Que la guerra no me sea indiferente. Gran frase que podría ser el resumen de todo lo que he aprendido de ti. Que nada ni nadie me deje indiferente, y mucho menos el dolor ajeno.
Te quiero. Te querré siempre, papá.

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