martes, 12 de abril de 2011

Y de repente, el silencio

La noche no es buena consejera. Si hay algo que tengo más que interiorizado es esta frase. Porque cuando tenemos problemas, o vivimos angustiados por la mímima vicisitud, la noche, sencillamente, no es buena consejera; porque con ella,  no sólo el cielo es más oscuro, sino nuestras pequeñas cruzadas, nuestras preocupaciones e inquietudes se tornan también de color negro.

De pequeña, solía taparme con la almohada cuando me sentía aturdida, en medio de la noche, por el silencio que invadía en la casa. Pero cuando se oían ruidos, solía ser peor, porque significaba que tocaba discusión y que me costaría más aún conciliar el sueño. No fue una infancia traumática, tan sólo pertenezco a esa generación de adultos que, de pequeños, una noche sí, y otra también, se dormían entre gritos y portazos. Y a la mañana siguiente, todo tan normal. O no, pero no era un tema importante, al menos desde mi insignificante existencia, no lo parecía.

Ahora sigo durmiendo sola. Ya no hay discusiones, ni ruido, pero con la madurez llegan otro tipo de afrentas nocturnas. Los remordimientos, las cosas por hacer, la agenda sin cumplir, las amistades a las que no llamas, la mano que no diste, el Te quiero que debiste decir más alto y claro, en lugar de tantas veces con el mismo tono...Nunca he padecido de insomnio, pero confieso que al cumplir los 27 duermo peor, porque la conciencia no me deja. No se trata de culpabilidad por cosas que he hecho o he dejado de hacer, sino  culpa preventiva. Adelantarme y sufrir de antemano porque ya sé que ciertos hechos venideros que no haré, me costarán más de una noche en vela.

Supongo que todos los seres humanos de la Tierra que gozan de consciencia,  sufren de sus pequeños remordimientos preventivos. Sufren por cosas que saben que no harán o que harán mal.  Pecan de débiles y egoístas, o quizá de una cosa y no la otra. No sólo me estoy refiriendo a grandes problemas, sino a limar pequeñas cosas de nuestro carácter en el día a día.Decir más veces Te quiero a mi gente querida. Cerrar la puerta sin dar portazos cuando me enfado, pensar dos veces antes de hablar, esbozar una sonrisa, en vez de una mirada de odio....¿bobadas? quizá, pero ahí quedan, al final del día.

 Sigmund Freud.

Nunca habéis pensado, ¿qué pasa si no vuelvo a verle más? ¿qué pasa si mañana, yendo a trabajar, por un infortunio, me pilla un coche y fallezco? ¿Os habréis ido con palabras y conquistas pendientes? seguramente si. Cosas que estaban en nuestras manos y que no hicimos. ¿Vale de algo pensarlo? si sabemos que no lo haremos...no.

Es como cuando estudiaba en la Facultad. Ciertas asignaturas, atragantadas, matriculadas año tras año....Cuando llegaba junio, y luego septiembre, y después junio, y después otra vez septiembre. Firmaba sabiendo 'no aprobaré, no estudiaré'. Entonces, ¿valía de algo quejarse, cuando tenía que pagar 5 veces el precio de la matricula original? no.

Me pregunto si todo el mundo duerme tranquilo por las noches, sin el mínimo rumor en la espalda, de que algo no va bien. Imagino que todos tenemos nuestras mañas para eliminarlo. Una cena copiosa que nos haga dormir del tirón, unos cascos con música que invite a dejarnos llevar a paraísos lejanos, donde no hay ni buenos, ni malos, y cuya única premisa en ellos es disfrutar del momento, o  un buen libro. También lo he probado. Pero, me refiero a ese instante tan concreto, al momento en el que, a pesar de estar somnoliento, apagas la luz de la lamparita de noche, o la del smart phone de última generación, y de repente, el silencio.

Alguien dijo que los instantes previos al sueño, son como la sintonía de las estaciones de trenes, cuando se avisa que quedan 5 minutos para ponerse en marcha camino hacia el destino querido. La memoria y la conciencia nos avisan de cómo van las cosas, y en nuestras manos está lidiar con eso. Siempre me he reido de la gente que lee libros de divulgación sobre la interpretación de los sueños. Sin ánimo de ofender las conclusiones de Freud, me identifico más con esa rama científica incrédula que opina que No sabemos nada, que no somos nadie, y que, por supuesto, mucho menos sabemos sobre lo que ocurre en nuestra mente cuando soñamos.

Felices sueños. 

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