Nunca había tenido una amiga que muriera, con 25 años y en la mejor etapa de su vida. Por eso cuando aquella tarde de verano, mi amiga me llamó para contármelo, no supe reaccionar. Ni llorar, en ese instante.
-Berta...está muerta, estña muerta tia, muerta.
¿Cómo describir a una persona a la que la gente amaba y odiaba por igual?
Berta era probablemente la persona más infeliz que conocía, pero también la más vivaz, pizpireta, alocada e intensa . Su personalidad contradictoria, a veces egoista y otras simplemente genuina, dañaba los esquemas de la gente, y enamoraba a aquellos que la conocían de verdad.
Nuestra amistad se fraguó en torno a 1993. Un pueblecito de la provincia de Burgos, en medio de la nada fue testigo de aquellos veranos interminables en los que nada y todo pasaba al mismo tiempo. Berta era la única niña del pueblo que viviía en un chalet con piscina. No eran los años 60 asi que tampoco sorprendía demasiado, pero creedme que en una villa donde apenas viven 100 personas durante todo el año, todo, absolutamente todo es noticia. Vamos, que un periodista ahí lo tiene fácil. O no.Porque los profesionales de la información, los que elaboraban la comunicación, dejarían a Laswell, McLuhan y compañía por los suelos. ellos, aquellos vecinos en sus sillas, al sol, eran el verdadero 4º poder. Comentando la jugada de cada día.
Nuestra amistad se fraguó en torno a 1993. Un pueblecito de la provincia de Burgos, en medio de la nada fue testigo de aquellos veranos interminables en los que nada y todo pasaba al mismo tiempo. Berta era la única niña del pueblo que viviía en un chalet con piscina. No eran los años 60 asi que tampoco sorprendía demasiado, pero creedme que en una villa donde apenas viven 100 personas durante todo el año, todo, absolutamente todo es noticia. Vamos, que un periodista ahí lo tiene fácil. O no.Porque los profesionales de la información, los que elaboraban la comunicación, dejarían a Laswell, McLuhan y compañía por los suelos. ellos, aquellos vecinos en sus sillas, al sol, eran el verdadero 4º poder. Comentando la jugada de cada día.
-Dicen que su padre tiene una empresa de máquinas de esas, que dan dinero si le metes unas monedillas.
-¿Tragaperras, abuela?
-Eso, tragaperras, por lo visto ahora da perras de las buenas...ya sabes.
Era cierto, pero no nos escandalizaba. El señor Nardo, Bernardo para la gente que no le conocía, era campechano, pequeño, amable y listo, sabía tomarse su vino con la gente humilde del lugar, hablando de fútbol y de los políticos corruptos de la zona, y al mismo tiempo codearse con empresarios dejando ellistón bien ato. Se defendía. Por eso nadie hubiese sospechado, sin entrar en aquella nave del chalet que ya muchos conocían como el FalconCrest del pueblo, que tendría acumuladas decenas de tragaperras, billares y otros trastos que para nosotras, unas niñas, no valían nada, pero que luego nos dimos cuenta que valían, claro que valían. Era la seña de su pequeño imperio.
Audry Hepburn cocinando, años 50, uno de sus iconos preferidos
Con Berta aprendí muchas de esas verdades de la vida que cuando las conoces, no aprecias lo determinantes que pueden llegar a ser. Las tomas como algo circunstancial, que acabará perdiéndose en el tiempo y en el espacio, pero luego subyacen, en la memoria, en los recuerdos, en blog como este. Empecé a fumar, a hablar de chicos, a pasar los veranos soñando con no volver a Madrid, pinté mi nombre y el suyo en varias piedras en las vias del tren, y me quedé por primera vez hasta las tantas de la mañana, sin tener los 11 aún cumplidos.
Berta era la única de todas mis amigas que viven fuera de Madrid a la que jamás se le olvidó mi cumpleaños. Siempre me decía qué se haría en el pelo, si fuese yo, y me daba abrazos sinceros sin esperarlos. Cuando nos veíamos, de año en año, todo era lo mismo. Podíamos haber crecido, empezado una carrera, podíamos haber estado veranos sin vernos, pero cuando lo hacíamos,retomábamos conversaciones que teníamos a los 15 años.
Berta quería a mi hermana todavía más que a mi. Y eso también me gustaba.
-¿De verdad te vas a pintar así los ojos? Berta tia, eres total..
-Claaaaroooooooooo, ¿te los pinto a ti también?
Y quién podía negarse. Sus ojos brillantes, enormes se te clavaban en el corazón. Berta también era frágil, generosa y sensible, aunque hubiese que rascar mucho. Yo entendía a la gente que me hablaba mal de ella. No era alguien fácil, que te entrase por los ojos. Hubo épocas de su vida en las que estuvo sola, precisamente por portarse fatal. Pero yo siempre le disculpaba. Bea tuvo un entorno hostil, vivía en un castillo de hielo y nadie entendía que quisiera ver el sol. Por eso tuvo que ingeniérselas para fabricarlo, y probar cosas que le hiciesen olvidar. Pasó años muy malos y fui testigo de parte de esa decadencia. Nunca le ayudé demasiado, siempre estuvo un poco sola y esto es algo de lo que creedme, te inculpas ya de por vida. Pero creo que sabía que la quería, trataba de decirselo mucho, sobre todo en los últimos años, era cierto.
Cuando por fin, todo le iba bien. Habia recuperado amistades, encontrado un trabajo donde le apreciaban y se habia enamorado, ocurrió.
Nunca entenderé la muerte. No quiero entenderla, ni asumirla. Con la muerte de Berta se me quedó el corazón helado, y sólo los recuerdos me ayudan a sobrellevarlo. Nadie merece irse tan joven, no es que la vida sea maravillosa, pero la gente puede brindarte momentos por los que merezca la pena quedarse en este mundo, a ver qué pasa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario